HÚMEDAS PAREDES


Finalmente decidimos que estuviera esperando en el  aeropuerto pero mis sentimientos hacia ella habían cambiado desde aquel cuadro que pinté con su intimidad, todo indicaba que ya nada nos conectaría.  Esa mañana estaba dispuesta a entregarle mi obra de arte y su regalo mayor: la luna, las estrellas, el cielo y una ciudad entera.

Estaba buscándome, había llegado con una maleta negra y su camiseta verde, verde como las esperanzas que se pintan en las banderas.   Mi mirada seguía inmóvil, me arreglé el cabello preparando un abrazo poco amoroso y buscando las llaves del carro que por error las había guardado en mi mochila.   

 Al acercase a mí, ni el abrazo, ni las llaves y tropecé con su cuerpo desubicando mi norte.  Era ella, una musa escapada de algún cuadro rolo…   al acercarnos al carro mis ansias crecieron porque el cuadro estaba al interior, mi discurso, “Porcelain” todo listo… y en efecto sus ojos brillaron al igual que mi corazón; nuestro cuadro, que fue mío y ahora es de ella.

En el camino contaba sus experiencias con la alegría de haber llegado, su piel, sus bellos labios estaban ocultos a mis ojos porque había renunciado a sus deidades de hada sílfides; había renunciado a sus largas manos y su sonrisa, a todo lo que fuese su esencia.   Sin embargo mi palabra fue cumplida y estaba junto a sus anécdotas llenas de sorpresas.

Fuimos a almorzar a un lugar que no conocíamos, prometía muchos espacios pero el teppanyaki  fue el escogido "todo para compartir".  Al llegar el mago de la mezcla nos preguntó qué celebrábamos, nosotras en coro disperso respondimos “vernos después de mucho tiempo” entonces tomó uno de sus ingredientes y en la plancha dibujó un corazón.

Mi rostro de sorpresa por ser “ arco iris” llamó mi atención, nos explicaba de manera pícara cada elemento que probaríamos y fue el brandi que por poco quema mis cejas… ¡nos  había descubierto¡

Nuestra conversación nos llevaba a otra cerveza y el calor dejaba correr por mis mejillas las tímidas gotas de sudor, gotas que fueron acariciadas por sus manos; instante cargado de entropía a mis pies “el mundo era inmenso”.  

Sorpresivamente nuestras miradas viajaron por un túnel, el túnel del amor, que nos llamó hacia la luz del reconocimiento.  ¡Un ángel y un hada en el viaje de la vida!

Comentarios

Linknas dijo…
Que buen encuentro!
Linknas dijo…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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